La padece una de cada diez mujeres. No se cura, pero se controla. Enterate de qué hábitos podés sumar a tu rutina para evitar que te suban los colores.

Ponerse colorada no solo es cuestión de vergüenza, de una tarde en que te excediste con el sol o una sobredosis de chocolate. Muchas veces, ese enrojecimiento molesto tiene que ver con la rosácea, una enfermedad crónica de la piel que se localiza en la cara y puede expandirse hacia el cuello y la zona del escote. La patología es mucho más común de lo que parece: la sufre un 10% de la población . Si no es tu caso, es muy probable que tengas alguna amiga o conocida que se sonroje con demasiada frecuencia. Caso contrario, googleá fotos de Cameron Diaz, Renée Zellweger o Reese Witherspoon sin maquillaje y enseguida te vas a dar cuenta de lo que hablamos. La causa de la rosácea es aún desconocida, pero se la asocia con una cierta predisposición genética, estrés o trastornos emocionales . Y, pese a no tener cura, se puede tratar y controlar siempre que se la diagnostique durante los primeros estadios

¿Cómo identificarla?

La rosácea se caracteriza por el enrojecimiento persistente en el centro de la cara que afecta mayormente a las mujeres (en una proporción de tres por cada varón). Un dato: todas aquellas que ya pasamos los 30 -y especialmente las que tienen piel blanca y ojos claros- nos volvemos el target ideal para padecerla . El principal síntoma es la cara colorada, que puede estar acompañada de ardor, sequedad y una leve hinchazón. En una primera etapa, los episodios son transitorios, pero después de un tiempo los signos permanecen y aparecen pequeñas venas dilatadas llamadas telangiectasias. En grados más avanzados, también pueden presentarse granitos en la nariz, mejillas, frente y mentón en forma de pápulas (rojos) o pústulas (con la punta blanca). Se puede llegar a un cuarto estadio que deriva en protuberancias en la nariz, una complicación que se llama rinofima y que es más frecuente en los varones.

En un 20% de los casos, la enfermedad trae aparejadas complicaciones en los ojos, como extrema sensibilidad a la luz, enrojecimiento, conjuntivitis, ardor o quistes en los párpados.

¿Cómo se detecta?

Si te “encendés” seguido y sospechás que podés tenerla, no dudes en sacar turno con un dermatólogo. La rosácea es fácil de diagnosticar a simple vista, aunque en algunos casos puede ser necesaria una biopsia de piel para confirmarla.

¿Cuáles son sus consecuencias?

La enfermedad en sí misma es inofensiva y no causa problemas graves en la salud, aunque golpea fuerte en donde duele: la autoestima. Si la padecés, sabés de memoria a lo que nos referimos. Las reuniones de negocios, entrevistas laborales o las primeras citas pueden ser tu peor pesadilla, y el miedo a que te suban los calores (¡y los colores!) hace que muchas veces te quedes en tu casa para resguardarte de miradas incómodas.

Hábitos saludables

La mala noticia es que la rosácea no se cura, pero también hay una buena: podés controlarla sumando hábitos a tu rutina. ¿Cuáles?

– Cuidá tu alimentación para prevenir brotes. Moderate con el alcohol (especialmente con el vino), con las comidas picantes, las bebidas muy calientes, las especias, los embutidos, los mariscos, el hígado, el yogur, el chocolate, la salsa de soja, el vinagre, las berenjenas, la espinaca, el tomate, los cítricos y la banana. El tabaco también es un desencadenante que deberías erradicar.

– El invierno es la temporada alta de la rosácea. Como el frío y el viento pueden causar estragos en tu piel, al salir cubrite la cara con pashminas o pañuelos. En verano, procurá tener siempre a mano un sombrero y lentes de sol. Usar bloqueador solar a diario es casi tan importante como lavarte los dientes. Aplicalo 15 minutos antes de salir y renovalo cada dos horas.

– Los tratamientos caseros siempre suman. Para desinflamar, usá compresas de té de manzanilla, de malva o tomillo frío. Otra buena alternativa es el pepino, que se aplica en rebanadas sobre la piel durante cinco minutos.

– Tené cuidado con la intensidad del ejercicio físico , sobre todo en ambientes cerrados y calurosos. Ojo, la idea no es eliminarlo. Simplemente escapales a los gimnasios atiborrados de gente en horas pico y, en verano, tratá de ejercitar por la mañana.

– En situaciones de estrés, el cuerpo segrega más sebo y aparecen lesiones en la cara. Para bajar un cambio, las clases de yoga son ideales, al igual que las técnicas de relajación y respiración. Intentá tomarte las cosas con más calma…, ¿o es mucho pedir?

Cuidados

Higiene: limpiá siempre la piel con agua tibia, jamás caliente, y dejala reposar entre cinco y diez minutos antes de aplicar cremas. No exfolies demasiado la piel: evitá cremas exfoliantes, peelings, limpiezas faciales con vapor y el uso de esponjas y cepillos.

Make Up: si te maquillás, no utilices tónicos, porque suelen tener alcohol entre sus componentes. Para cubrir zonas rojas, usá un corrector verde en lápiz o aplicalo con un pincel y luego esparcilo con el dedo con pequeñas palmaditas. Lo ideal es que la base contenga siliconas (actúan como barrera) y protección solar. Leé la letra chica de los productos: repasá sus componentes y chequeá que sean hipoalergénicos y que no contengan fragancias.

Cremas: las que tienen corticoides son tiranas; podés notar una mejoría inicial, pero al suspenderla tenés que retomar el tratamiento. Una opción súper natural son las cremas con extracto de malva, que reducen la apariencia de la piel enrojecida. La de Just la conseguís por $300.

¿Una bacteria puede causar rosácea?rosacea2

La causa de la rosácea es todavía un misterio. Se sospecha que hay un gran componente genético porque entre el 30 y el 40 por ciento de los pacientes tienen un familiar con esta enfermedad. También se cree que se debe a una falla en el sistema inmunológico, pero no hay demasiadas certezas. Estudios recientes la relacionan con la presencia de dos bacterias. La Helicobacter pylori , que está en el aparato digestivo, podría contribuir a la aparición de la afección. Pero no es la única: hace poco se encontró que otra bacteria dentro de pequeños ácaros que viven en la piel ( Demodex folliculorum ) también juega un papel importante. Todos tenemos ácaros, pero en los pacientes con rosácea la presencia es aún mayor.

Compartir

No hay comentarios